La Barrica de la Oca

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lunes, 2 de junio de 2008

Guadalupe

No se puede entender la historia de Guadalupe sin hacer referencia a su monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, de quien dependerá durante gran parte de su historia.La primera noticia que tenemos de la población data de 1340, momento en el que Alfonso XI otorga terrenos a los pobladores que se habían ido instalando junto a la ermita; probablemente este grupo poblacional inicial no era muy importante. Siete años después otro documento menciona a la localidad "Puebla del dicho logar de Santa María de Guadalupe", quedando reconocido como de realengo, y un año después el rey concede al prior del Santuario el Señorío de la Puebla, condición bajo la que estará hasta 1820, momento en el que se formó en Guadalupe el Ayuntamiento Constitucional.En 1368 la importancia de la localidad debe ser notable, aunque probablemente será a partir de esta fecha cuando adquiera mayor desarrollo. En ese año el rey Pedro I concedió a la Puebla de Guadalupe feria franca durante 20 días, en torno a la festividad de la Virgen. En 1389 aparece mencionado en los documentos como un lugar de numerosa población, aunque se desconoce el número de habitantes. Probablemente los privilegios de los que gozaba el Santuario y la Puebla, y la incrementada población que acudía a visitar a la Virgen, dio lugar al asentamiento de comerciantes y artesanos, además de los que estaban al servicios del Monasterio, potenciándose una actividad importante en la localidad, línea que se mantuvo e incluso se incrementó en algunos períodos a lo largo de su historia.Hoy Guadalupe sigue siendo un importante centro devocional, punto de encuentro de los devotos extremeños que visitan a su patrona, así como de importantes personalidades, continuando con una tradición iniciada desde sus orígenes. En los últimos años ha sido visitada el Papa Juan Pablo II y los Reyes de España.

sábado, 10 de mayo de 2008

Leyenda del hombre volador (Plasencia)

¿Puede un hombre volar?
El hecho que vamos a recordar ocurrió en Plasencia, es aquella extraordinaria y estupenda historia del hombre volador, tan difícil de creer, pero de la que atestiguan doctores tan sabios como el P. Juan Luis de Cerda, en su edición comentada de Virgilio:
Si se hace ciertamente duro de admitir que pudiera un hombre volar como si fuera un ave, escapando así de la prisión que lo encerraba y pasando sobre la cabeza de los atónitos placentinos, quienes veían y no daban crédito a sus ojos, ¿cómo no hemos de admitir lo que confiesa un doctor Padre de la Compañía, sin pecar de atrevidamente temerario, y tal vez de irreverente?. Aún subirá vuestra admiración de punto, si os declaro que quien así escapaba de la cárcel, era nada menos que el autor de las maravillosas tallas del coro de la catedral placentina. Pero procedamos por orden, y comencemos, para que no haya dudas, con lo que dicho Padre La Cerda, declara en su eruditísimo comentario latino, cuando anotando un verso del libro VI del La Eneida, aquel que dice ausus se credere coelo, escribe: (traducido) En la Plasencia española, cierto sujeto se evadió de la cárcel, temeroso, como acontece, del brazo secular de la justicia.Como quisiera evadirse, adaptó a sus hombros unas alas, y se lanzó al cielo desde la punta de la torre; atravesó volando toda la ciudad y cayó lejos de las murallas, fatigado por el mucho meneo del cuerpo. Todavía hoy se muestra el lugar de su caída. De este hecho fueron testigos los ojos de los placentinos que vieron al hombre volador...Que hubo arte diabólica es cosa que ni se duda, mayormente si sabemos que el prisionero volante, no era otro que el artífice del estupendo coro de la catedral. De su diablesca inclinación, hartas pruebas había dado ya al labrar la sillería: ¿cómo sin estar bajo el dominio del maligno, se puede tener una habilidad tal, sumada a la irreverentísima indecencia y obscenidad desvergonzada, de tantas de sus misericordias?.Harto probó allí su filiación diabólica, para que necesitáramos de vuelos u otros embelecos que acreditaran su connivencia con el infierno.
El que da cuenta de la cosa con gran copia de detalles y datos, y no es para menos, teniendo en cuenta la proclividad al materialismo y a la incredulidad de su siglo, es el ilustrísimo don Antonio Ponz, quien al comentar la VI carta del tomo VII de su Viaje de España dice:... lo que creemos fabuloso en Dédalo, fue un hecho verdadero sucedido en Plasencia. Voló un hombre y voló un gran trecho. Es opinión que tal avechucho fue el que hizo la sillería del coro de la catedral... Atravesó trepando por los vientos toda la ciudad, desde el castillo a la que llaman la dehesa de los caballos, medio cuarto de legua de Plasencia...Convido muy de veras a mis oyentes, para que lean allí la explicación de su prisión y otros pormenores. Mas como bien me sé que mi siglo, es también un tanto materialista e incrédulo, y busca la causa eficiente y científica de todas las cosas, véome aún obligado a transcribir un párrafo más del citado autor y procedencia, que nos irá dando la clave de cómo fue posible tal prodigio:...el Dédalo placentino para escapar determinó dos cosas, comer poco para adelgazarse, y que todo su alimento fuese de aves, las que mandaba llevar con plumas, hasta que juntó gran porción. Pesaba... la carne de las aves peladas, y luego sus plumas, y sacaba por computo fixo que para sostener dos libras de carne eran necesario cuatro onzas de plumas. Averiguada dicha proporción, sacó por consecuencia, que tantas libras, o arrobas que él pesaba, necesitaba tantas onzas o libras de plumas para mantenerse en el aire, y juntándolas las pegó con cierto engrudo a los pies, cabeza, brazos y a todas las demás partes de su cuerpo, dejando hechas dos alas para llevarlas en las manos, y remar con ellas: así se arrojo este emplumado al viento, y después del trecho referido se precipitó, haciéndose pedazos.

martes, 29 de abril de 2008

Malpartida de Plasencia

El aspecto más interesante de Malpartida de Plasencia aparece con la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas. En la navidad del año 1808 las tropas francesas de Napoleón Bonaparte destruyeron buena parte del núcleo urbano de Malpartida de Plasencia. Incendiado el ayuntamiento por los gabachos fieles al hermanísimo Pepe Botella y hechos literalmente cenizas sus archivos municipales, en represalia por la participación heroica de sus vecinos en la batalla del Tiétar, se desconoce la fecha exacta de la fundación de este pueblo, pero se sabe que en 1494, reinando entonces sus majestades los Reyes Católicos, éste ya contaba con 180 habitantes.
Hacia principios del siglo XVI muchos malpartidenses -lo de chinatos fue un gentilicio moteado que vino después- marcharon a la recién descubierta América; resalta entre ellos un tal Diego Gómez de Malpartida, paisano aventurero, aunque no llegó a tener renombre eclipsado por otros navegantes y conquistadores. Otro ilustre de por aquí fue el clérigo Fray Alonso Fernández, confesor de una reina en cuyo honor se alza un colegio.
En el extenso término municipal de Malpartida de Plasencia, sobresale la silueta arquitectónica de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, comenzada a construir en 1551 sobre el solar de una vieja ermita románica, siendo obispo de Plasencia Don Gutierre de Vargas y Carvajal. En su techo, o séase, la atalaya buida de la sin par iglesia, anida la cigüeña que trae los niños. El canuto redondo, anexo a la torre cuadrada, de base, es interiormente una escalera de caracol que te guía al campanario, donde se llega mareado, el mismo asemeja a un telescopio de piedra que apunta verticalmente a las estrellas, otros lo comparan con un minarete, pero su forma más lograda es la de un cohete pegado al imán terrestre que la imaginación lanza a “Dios”. Allí arriba de la iglesia están las campanas de bronce, que antaño sonaron a mortaja, fuego o fiesta, dormidas en el tiempo, indiferentes, empotradas en gruesos arcos con sabor a Nuevo Mundo, una de ellas, la mayor, dicen que pesa más de una tonelada métrica.
Pero además de este templo descomunal con visos catedralicios, que aún hoy mantiene su desproporción con respecto a otros modernos edificios, se han encontrado vestigios romanos, incluso ruinas muy antiguas, caso del Torreón del Calamoco, de factura protohistórica. No obstante, susodicha iglesia, de estilo gótico decadente, con detalles barrocos propios de la movida renacentista, es la joya de nuestro patrimonio, sin dejar de lado la cruz del cementerio de Nuestra Señora de la Luz, infravalorada, y aquella otra, la de San Gregorio, ambas en lo alto de sendas columnas de granito, cada cual con diferente traza.
Poco más puedo decir de Malpartida en un comentario que pretende ser breve. Me alargaría mucho si tocase el interesante tema de los Templarios, o siquiera sobre las mestas, estando sito mi pueblo en el cruce de dos cañadas reales. La investigación y quizás la imaginación, pueda remediar la irreparable pérdida de esos tan valiosos archivos municipales.
Más referencias se perdieron con la quema intencionada de la biblioteca de Alejandría.

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