El aspecto más interesante de Malpartida de Plasencia aparece con la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas. En la navidad del año 1808 las tropas francesas de Napoleón Bonaparte destruyeron buena parte del núcleo urbano de Malpartida de Plasencia. Incendiado el ayuntamiento por los gabachos fieles al hermanísimo Pepe Botella y hechos literalmente cenizas sus archivos municipales, en represalia por la participación heroica de sus vecinos en la batalla del Tiétar, se desconoce la fecha exacta de la fundación de este pueblo, pero se sabe que en 1494, reinando entonces sus majestades los Reyes Católicos, éste ya contaba con 180 habitantes.
Hacia principios del siglo XVI muchos malpartidenses -lo de chinatos fue un gentilicio moteado que vino después- marcharon a la recién descubierta América; resalta entre ellos un tal Diego Gómez de Malpartida, paisano aventurero, aunque no llegó a tener renombre eclipsado por otros navegantes y conquistadores. Otro ilustre de por aquí fue el clérigo Fray Alonso Fernández, confesor de una reina en cuyo honor se alza un colegio. 
En el extenso término municipal de Malpartida de Plasencia, sobresale la silueta arquitectónica de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, comenzada a construir en 1551 sobre el solar de una vieja ermita románica, siendo obispo de Plasencia Don Gutierre de Vargas y Carvajal. En su techo, o séase, la atalaya buida de la sin par iglesia, anida la cigüeña que trae los niños. El canuto redondo, anexo a la torre cuadrada, de base, es interiormente una escalera de caracol que te guía al campanario, donde se llega mareado, el mismo asemeja a un telescopio de piedra que apunta verticalmente a las estrellas, otros lo comparan con un minarete, pero su forma más lograda es la de un cohete pegado al imán terrestre que la imaginación lanza a “Dios”. Allí arriba de la iglesia están las campanas de bronce, que antaño sonaron a mortaja, fuego o fiesta, dormidas en el tiempo, indiferentes, empotradas en gruesos arcos con sabor a Nuevo Mundo, una de ellas, la mayor, dicen que pesa más de una tonelada métrica.
Pero además de este templo descomunal con visos catedralicios, que aún hoy mantiene su desproporción con respecto a otros modernos edificios, se han encontrado vestigios romanos, incluso ruinas muy antiguas, caso del Torreón del Calamoco, de factura protohistórica. No obstante, susodicha iglesia, de estilo gótico decadente, con detalles barrocos propios de la movida renacentista, es la joya de nuestro patrimonio, sin dejar de lado la cruz del cementerio de Nuestra Señora de la Luz, infravalorada, y aquella otra, la de San Gregorio, ambas en lo alto de sendas columnas de granito, cada cual con diferente traza.
Poco más puedo decir de Malpartida en un comentario que pretende ser breve. Me alargaría mucho si tocase el interesante tema de los Templarios, o siquiera sobre las mestas, estando sito mi pueblo en el cruce de dos cañadas reales. La investigación y quizás la imaginación, pueda remediar la irreparable pérdida de esos tan valiosos archivos municipales.
Más referencias se perdieron con la quema intencionada de la biblioteca de Alejandría.
La Barrica de la Oca
martes, 29 de abril de 2008
Malpartida de Plasencia
sábado, 26 de abril de 2008
Hervás
Hervás, conocido como La Villa de Hervás nació como una aldea independiente del territorio de Bejar. Su nombre es modificación de San Gervasio, que todavía conserva el rio "Santihervas", afluente del Ambroz. En tiempos de la reconquista, Hervás perteneció a los reinos de Castilla, a la zona denominada Tras la Sierra, varias veces repartida entre este reino y el de León. En el reinado de alfonso VII, "el emperador", rey de Castilla y León, e hijo de la reina Urraca y del conde Ramón de Borgoña, reparte sus estados entre sus hijos, Sancho III el Deseado de Castilla, y Fernando II de León, lo que determinó la frontera, que recordaremos ahora para la parte Sur. Se cree que los primeros pobladores de la hoy Villa de Hervás, bien pudieron ser celtas e íberos, más tarde lo frecuentaron los fenicios y griegos, y despues la hoy querida cultura judía, que errante, se aposentó donde encontró camino abierto y lugar anhelado. Pensamos que hubo en nuestro término emplazamientos remotos, concretamente vetones, una de las ramas en que podemos dividir a los celtas; estos pudieron construir un pequeño poblado en forma de fortificación, por las abruptas sierras de Hervás, dado su caracter guerrero. Hace pensar la estancia de este pueblo, en los términos de origen célticos que han quedado, como "Pinajarro" que significa "Pico Alto" y da nombre a la mayor elevación montañosa de la serranía hervasense.
La entonces aldea de Hervás perteneció durante muchos siglos a la jurisdicción de Bejar en lo político, y en lo religioso depende todavía del Obispado de Plasencia, fundación de Alfonso VIII. Las fundaciones de las ciudades de Bejar y Plasencia, muestran el deseo del monarca de fortalecer su frontera con el Reino de León, la decisión de utilizar la calzada romana de la Plata como línea fronteriza, dificultaba su utilización para el comercio, en un periodo en que escaseaban las comunicaciones. Estas tensiones y dificultades desaparecen con la unión definitiva de los reinos de Castilla y León, bajo el cetro de San Fernando en 1230.
En 1212, según cuenta en la documentación del Arzobispo Rodrigo Ximenez, la población de Hervás participó, junto con la comunidad de Plasencia, en la Batalla de las Navas de Tolosa. De aquí que desde entonces Hervás tenga el título de Lealtad. Mas tarde los hervasenses tambien participaron en la toma de Baeza, por la que el rey Fernando III le otorga la Bordadura de Gules, con ocho aspas que rodean las armas de su escudo.
En las capitulaciones matrimoniales de Alfonso X y doña Violante de Aragón, se estipula la entrega de varias poblaciones, entre ellas el poblado de Hervás. Estas tierras formaban el dote de la reina y fueron tomadas por su hijo Sancho IV, según reclamaciones hechas por el hermano de este D. Juan.
Hervás, Bejar y los poblados de los alrededores, eran utilizados por Fernando IV para atraerse a don alfonso de la Cerda, que se le ofrece, junto con otras, para hacerle desistir de sus pretensiones a la corona de Castilla; más como el infante sigue manteniendo sus pretensiones, el Rey se apodera de nuevo de Bejar, Hervás y sus dependencias.
Hacia el año 1227, la reina Doña Violante de Aragón, esposa de Alfonso X el Sabio, visitó la ciudad de Béjar y el entonces poblado de Hervás, donando lo que hoy conocemos como Monte Castañar Gallego, unos hablan que por méritos de guerra o por los que la leyenda dice, que una mujer de Hervás amamantó al príncipe su hijo.
Hay conocimientos documentales de que el monte de Hervás era punto estratégico, pues en él se refugiaban las tropas cristianas, ocultandose del enemigo.
Sigue siendo el lugar dote de reinas. En un testamento hecho en Hervás, en 1395 se dice que fué dictado ante Juan López, Escribano Público de Bejar y su término, por la Reina doña Beatriz, que era efectivamente reina viuda, desde la muerte de Juan I, en 1390. A traves de dicho testamento podemos asomarnos al Hervás del siglo XIV. A finales del siglo la corona se desprende de Bejar. Y don Diego López de Zúñiga, señor de Frías, por merced de Enrique III, dada en Illescas el 29 de enero de 1394, trocó dicha villa de Frías por la de Bejar.
En 1461 se señala la Cañada de la dehesa del "orillar" para paso de ganado con un ancho de 214 pies. La dehesa fué donada por Alfonso XI, y años mas tarde el terreno debío enajenarse con o sin autorización, pues actualmente son fincas particulares.
Años mas tarde, los Reyes Católicos la declaran Villa de Fuero Real, por su participación en las conquistas de Málaga y Granada. El Edicto de Expulsión de los judíos de la península había de hacerse efectivo en el plazo de sies meses, exceptuandose aquellos que se convirtiesen al cristianismo. A los judíos les fueron prohibidos llevar oro, plata, monedas, alhajas, ni cosas algunas de valor. Al cumplirse la orden de expulsión, una parte de los judíos de Bejar y Hervás marcharon a Portugal, donde el rey Juan les permitió el paso por ocho meses; muchos entraron por la frontera de Ciudad Rodrigo , pasaron más de la mitad de la población hebrea.
Por el concepto llamado de capitación y medio servicio, pechaban o pagaban 45 maravedíes por vecino o cabeza de familia, esto nos permite suponer que la aljama de Bejar y la población de Hervás, contaba con más de 156 familias, oséa, unos 600 judíos. ¿Cuantos judíos erán de Hervas?. Es dificil conocer el dato exacto, pero si nos atrevemos a puntualizar de alrededor de los 250 o 300 hebreos.
En un documento encontrado en el Archivo Histórico Nacional, sección nobleza, nos hace referencia en un legajo a la relación de los judíos o cabezas de familia que vivían en Hervás en 1492. En la lista figuran algunos de los siguientes nombres: Mosé Salvadiel Orabuena, Mosé Zarco, Zuce Marco, Yusé Molso, Jaco Salvadiel Bella... En algunos de los nombres se indica la condición de los individuos, así Rabí Samuel, físico o médico, y Rabino, lo que está de acuerdo con la costumbre de que el rabino conociera todo. "T´exedor" denota el oficio, lo que demuestra que a finales del siglo XV ya existia la industria del tejido en Hervás. Otros se dedicaban al préstamo, tales como los hermanos Cohen, Haben Haxiz, el mismo Rabí Samuel y Bellida la Rica, hasta los mismisimos reyes acudían a ellos en numerosos casos de apuro.
El 20 de Juniode 1493 se presentó en la población de Hervás el notario bejarano, exigiendo la presencia del alcalde de la aldea, Gonzalo de Moncada para conocer el patrimonio de los judíos. en 1492 se robó de la sinagoga de Hervás material religioso, cuyo autor fué Fernando de Moreruela y cuyo hurto está debidamente documentado en archivos.
En el año 1494 retornaron gran parte de los judíos exiliados por el Edicto en tierras portuguesas, entre ellos el físico y médico Rabí Samuel.
Hagamos un esfuerzo de comprensión en referencia a la comunidad judía, una comunidad que siempre estuvo vinculada, al igual que la cristiana los estaba a los sucesivos señores, a la aljama de Bejar. De su importancia nos da testimonio la distribución de los 450.000 maravedís que hizo el físico del rey, Rabí Jacob Aben Nuñez en 1474. Entre las aljamas de Castilla 7.000 correspondieron a la de Bejar con los judíos de Hervás, "mientras que la aljama de Plasencia con los judíos que moran en Galisteo o en aldeanueva del Camino" solamente tuvieron que pagar 5.000 maravedís.
En cuanto a la aportación a la cultura de la época, tambien fué grande. su sinagoga, centro educativo y difusor de cultura a través, sobre todo de la escuela Talmúdica, se citaba entre las mas importantes de la provincia, junto a la de Cáceres o Plasencia.
Así mismo algunos historiadores aseguran que la aljama hervasense estaba compuesta por ricos hombres y artesanos; lo cierto es que sí los hubo, pero aproximadamente la componian unas cincuenta familias, la mayor parte de ellos se dedicaban a la agricultura y al pequeño artesanado, a la par que a tratos que les reportaban pingües beneficios.
De cualquier forma, la herencia cultural judía en Hervás fué grande, y aún perduran tradicionales leyendas como la del rabí que mata a su hija por mantener relaciones con un cristiano, o la judía errante "la maruxa", alma en pena que siempre que se aparecía presagiaba malos augurios.
En los últimos años del siglo XV y principios del XVI, la historia de Hervás estuvo basada en la expulsión y conversión de los judíos al catolicismo. Varios son los documentos archivísticos que explican estos años de la historia de Hervás, años donde la inquisición se apodera del terror y de la inestabilidad de un pueblo, donde siempre convivieron en plena armonía, judíos, cristianos y musulmanes.
En 1596, el alcalde del entonces lugar de Hervás, solicita a la corte la renovación de la donación del Monte Castañar Gallego, donación que realizó la esposa de Alfonso X "el Sabio" a la población, y que , monarca tras monarca fueron renovando la donación. En el año 1664 doña María López Burgalés, natural de Hervas, y su hijo, donan parte de su herencia para la construcción de un convento.
Esta señora deseaba fundar un convento de religiosos, los cuales ayudasen a sus paisanos a ganarse el cielo. En un principio, doña María López, viuda de don Juan López de Hontiveros no sabía a que orden realizar esta fundación religiosa. Según documentos encontrados, dió la casualidad que un día en su libro de oraciones encontró una vitela (pergamino muy blanco con la efigie del fundador de la Orden Trinitaria) de Juan de Mata, y al parecer esta fué la causa de la decisión de crear un convento de los Trinitarios Descalzos en Hervás.
Todo esto parece muy bonito o tal vez una coincidencia, pero sea o no verdad lo de la vitela, la realidad es que esta orden vivió en la villa cerca de trescientos años. También y siguiendo la tradición, el cuerpo de los fundadores fué sepultado a la entrada de la iglesia. Y lo que ha sido leyenda por muchos años entre los numerosos escritos, se hizo realidad el 4 de Marzo de 1945, al hacer unas excavaciones en el atrio de la iglesia, para instalar en el mismo un jardín, y donde apareció un sarcófago con los restos de los fundadores.
Despues de la Reforma Trinitaria, sus conventos florecieron por toda España. Su reformador ha dejado una estela luminosa por gran parte de la geografía española. Algo de esto tuvo que ocurrir en Hervás. Los Padres Trinitarios Descalzos aceptaron esta fundación porque se lo dieron todo hecho. Aquí en Hervás los primeros frailes no tuvieron que pasar el hambre y el frío que pasaron los fundadores del convento de Salamanca, según cuenta el Beato Juan Bautista en sus obras.
La fundación fué, desde sus comienzos en 1664 hasta 1727, convento raso, como se suele decir. O sea, que únicamente se dedicó a los menesteres de la vida religiosa y sacerdotal. Y desde este año, como queda dicho, fué casa de estudio de Teología y Filosofía. Mas tarde fué solo de Filosofía. Los religiosos permanecieron en Hervás hasta la Desamortización de Mendizabal. Luego no volvieron y el templo se convirtió en parroquia en 1896, pasando a denominarse de San Juan Bautista.
El Duque de Bejar, don Juan Manuel II, accediendo a la petición que le hicieron los frailes franciscanos del convento de la Bien Parada de la Abadía, manda construir el edificio para enfermería, por el gran número de paludismo que había en dicho convento. Este majestuoso edificio es hoy Casa Consistorial. El inmueble se empieza a construir en 1734.
Cuatro años antes, el Duque de Béjar, que tanta industria creó en numerosos estados, se puso de acuerdo con el súbdito británico Juan Cortés, para fundar en Hervás una fábrica de paños finos al estilo de Bejar, y le dió permiso para que tiñera lanas en el tinte que tenía. En 1730, en Hervás había solamente dos telares anchos que apenas trabajaban por falta de pertrecho.
Merced a ala protección de D. Juan Manuel II, la fábrica de paños de Hervás prosperó rápidamente y según dice don Eugenio Larruga, en el año 1733, en sus Memorias Políticas y Económica sobre los frutos, comercios, fábricas y minas de España...,"Hervás ya tenía quince telares en los que se tejían paños y bayetas de buena calidad y para cuyo sostenimiento se emplearon aquel año novecientas noventa y ocho arrobas de lana"
Por fín el año 1816, se concede al lugar de Hervás la separación del Ducado de Bejar y se convierte en Villa Eximida con la concesión de rollo, horca y cuchillo. Estas concesiones constaron noventa y nueve mil reales, dinero que se pagó en dos plazos, primeramente se abonaron cuarenta mil y el segundo fueron cincuenta y nueve mil. A cada vecino le costó siete mil quinientos maravedíes.
Años mas tarde, en 1833, la población de Hervás, Baños de Montemayor y La Garganta, pasan a formar parte de la provincia de Cáceres, antes siempre pertenecieron a Salamanca. El deslinde que se realiza es el mismo que en la época de Sancho IV.
sábado, 19 de abril de 2008
La Villa de Brozas
Existen pocos datos sobre la ocupación humana del actual término municipal de Brozas antes de la Edad Media. De hecho, no hay ningún resto arqueológico anterior al siglo XII antes de Cristo, en el llamado “Bronce Final Extremeño”; en esta etapa se inscriben el yacimiento de Araya, así como la llamada “Estela de Brozas”.
Con respecto a la época romana, el hallazgo de varias lápidas votivas a Júpiter, la base romana de un puente sobre el arroyo de Jumadiel y los restos de enlosado que se conservan en la llamada “Calzada del Puente de Alcántara” hacen pensar en la existencia, en el emplazamiento actual de Brozas, de un núcleo habitado romano nacido a la vera de esa calzada, y que posiblemente sobrevivió durante la época visigoda; así parecen demostrarlo los dos capiteles que se conservan actualmente en la iglesia de Santa María y que proceden de la finca “Las Pueblas”.
A pesar de estos vestigios, la historia de lo que es en actualidad la villa de Brozas no se inicia hasta la reconquista leonesa del oeste de la actual provincia de Cáceres, en los primeros años del siglo XIII. Tras la toma de la importante plaza de Alcántara en 1213 por Alfonso IX de León, el monarca leonés entrega todo el oeste de la actual provincia de Cáceres primero a la orden de Calatrava y, en 1218, a la orden de San Julián del Pereiro, denominada a partir de ese momento orden de Alcántara. Este territorio se organiza a partir de la villa alcantarina mediante una serie de núcleos poblados que se convierten en cabezas de encomiendas, con intenciones tanto defensivas como repobladoras. Este será el caso de Brozas, que aparece mencionada documentalmente como “Las Broças” por primera vez en 1237 y en 1244, convirtiéndose hacia 1270 en sede y cabecera de la Encomienda Mayor de Alcántara. Su favorable emplazamiento en una llanura donde confluían los caminos procedentes de Alburquerque y Cáceres con destino a Alcántara facilitó su poblamiento, acelerado a lo largo del siglo XV; ese crecimiento se benefició también de un proceso por el que fue concentrando a los habitantes de los núcleos primitivos surgidos tras la reconquista, que no gozaban de las ventajas de Brozas, y que se convirtieron en encomiendas deshabitadas (Belvís y Navarra, la Puebla, Araya). 
Durante los siglos XIV y XV, el lugar se vio afectado por los conflictos bélicos que azotaron a Extremadura durante la centuria, sufriendo las incursiones por tierras extremeñas del condestable portugués Nuno Alvares Pereira; en 1431 fue asaltada y saqueada por el infante don Pedro de Aragón; y algunas décadas más tarde, fue un importante objetivo militar durante la guerra civil de la orden que enfrentó al maestre Gómez de Solís con el clavero Alonso de Monroy. Los conflictos con la villa matriz de Alcántara sobre el uso de las extensas tierras comunales y baldíos llevan a los brocenses a iniciar el proceso de emancipación mediante la adquisición del villazgo, objetivo que se consigue en 1537 por una real cédula de Carlos V a cambio de 7500 ducados de oro. El villazgo llevó aparejado, además, un crecimiento demográfico vertiginoso, que llevó a Brozas a pasar de 2900 habitantes en la época de su independencia a 6240 según el censo de 1591; el crecimiento fue tan importante que, hacia 1550, surge en la zona noreste del término de la villa en torno a una venta y en un cruce de caminos un nuevo núcleo de población, que será conocido por los brocenses el arrabal de Ventas y por sus habitantes como las Navas del Madroño; Navas permaneció bajo la jurisdicción de Brozas hasta su independencia como villa en 1737. La creciente importancia demográfica y económica de Brozas se tradujo también en el ámbito político y jurisdiccional: en 1570, la corona realiza una profunda reorganización del antiguo partido de Alcántara, que fue dividido en cuatro: Alcántara, Valencia de Alcántara, Gata y Brozas. La villa, junto con Navas del Madroño y la antigua villa y encomienda de Araya, pasaba a ser gobernada por un alcalde mayor, gobernador y capitán de guerra, nombrado directamente por el Consejo de las Órdenes y que se convertía en la máxima instancia judicial del partido.
La población comienza a descender claramente a finales del siglo XVI, cuando a la crisis agraria se une la llegada de enfermedades como la peste, que causa una gran epidemia entre 1599 y 1601. Con ella se abre la crisis del siglo XVII, durante la cual Brozas pierde casi la mitad de su población, debido a la conjunción de factores muy negativos como los ya mencionados, y junto a ellos otros como la expulsión de los moriscos en 1609, que supone la marcha de la villa de casi 300 personas, la emigración a América y, sobre todo, los efectos de la Guerra de Secesión de Portugal (1640-1668). En realidad, la crisis del siglo XVII se prolonga durante los primeros años del siglo XVIII debido a una nueva guerra, la de Sucesión española, en la que Brozas fue uno de los objetivos fundamentales de los ataques portugueses, contrarios a Felipe V de Borbón. La villa fue de hecho conquistada en abril de 1706, padeciendo un terrible saqueo y el incendio de numerosos edificios, entre ellos el ayuntamiento.
Desde el final del conflicto, en 1713, se inicia una lenta recuperación basada en la puesta en cultivo de nuevas tierras y en la paz que reina en el país durante prácticamente toda la centuria. La expansión demográfica provocó el estallido de un conflicto social muy grave entre los labradores ansiosos de nuevas tierras de cultivo, por un lado, y la nobleza local y los ganaderos de la Mesta defensores de los pastos, por otro; este conflicto dio lugar a motines como el de 1750 contra el administrador de la Encomienda Mayor y en el que participaron más de 100 labradores, o las ocupaciones de tierras entre 1793 y 1794 al amparo de la Real Orden de 1793 que declaraba de pasto y labor todas las dehesas extremeñas.
El siglo XIX supone un cambio radical en la evolución histórica de Brozas; en primer lugar, la grave crisis agraria y epidémica de 1804-1806 supone el fin del crecimiento demográfico, agravado por las consecuencias de la Guerra de Independencia. La guerra supone, al mismo tiempo, el fin del Antiguo Régimen y el comienzo efectivo de la Edad Contemporánea; desaparece así la sociedad estamental, al ser privada la nobleza de sus privilegios, aunque no de su riqueza. Pero es sin duda el clero quién más sufre estos cambios, con la disolución de las órdenes religiosas y el consiguiente cierre de los conventos, primero, y después con la desamortización (expropiación) de todos sus bienes en 1836-37.
Otra medida liberal que tuvo gran impacto en Brozas fue la desamortización de los bienes de propios por Pascual Madoz en 1855-56; como consecuencia de ello fueron enajenadas casi 14000 hectáreas de titularidad municipal, que pasaron a manos privadas. Esa nueva sociedad surgida de las reformas liberales seguía estando dominada por la oligarquía de siempre, y frente a los que se situaba la gran masa de jornaleros sin tierra. El resultado fue el surgimiento de una incipiente conciencia de clase y el comienzo de primitivas organizaciones obreras. Brozas será pionera en el movimiento obrero extremeño; así, ya en 1877 existía una federación local de la I Internacional. La situación a veces desembocaba en motines y altercados, como el acaecido en 1874 contra el sorteo de las quintas y milicias.
Estos problemas sociales alcanzarán su máxima expresión en el siglo XX. En Brozas arraigan así con fuerza los partidos y sindicatos obreros preponderantes en España, sobre todo el socialismo en su vertiente sindical (FET). También tuvo su importancia el movimiento social católico, que tuvo como principal representante a don Carlos Barriga, cura de la parroquia de Santa María, quien a finales del siglo XIX fundó uno de los primeros sindicatos católicos de crédito agrícola de toda Extremadura.